Eguzkilore

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Notas del programa

“Cuenta la leyenda que, al inicio de los tiempos cuando los hombres comenzaron a poblar la tierra, no existían ni el sol ni la luna y la humanidad se encontraba inmersa en una gran oscuridad, asustada por numerosas criaturas como dragones, brujas o caballos voladores. En su desesperación, hombres y mujeres decidieron pedir ayuda a Amalur (madre tierra en euskera). Ante la insistencia, Amalur les dijo: «Hijos míos, pedís ayuda y os la ofreceré. Crearé un ser luminoso al que llamaréis Ilargi (luna)». Amalur creo la luna, que con su brillo pálido iluminó la noche.

Al principio los hombres no se atrevieron a salir, pero al ver que los genios malignos huían de la luz de Ilargi, comenzaron a celebrarlo. Pero el susto de los genios no duró para siempre y, poco a poco, se acostumbraron a la luz de la luna y no tardaron en volver a salir de sus simas y acosar a los humanos. Los hombres acudieron otra vez a Amalur pidiéndole algo más poderoso.
– «Amalur, te estamos muy agradecidos porque nos has regalado la madre luna, pero necesitamos algo más poderoso para que las brujas dejen de perseguirnos».
– «De acuerdo -dijo Amalur- crearé un ser todavía más luminoso que llamaréis Eguzki».
Y Amalur creó el Sol. De esta forma, el sol iluminaría el día y la luna la noche. Gracias a su calor y luz crecieron las plantas. Era tan grande y luminoso que incluso los hombres tuvieron que acostumbrarse poco a poco y los genios y las brujas no pudieron habituarse a la gran claridad del día; desde entonces solo pudieron salir de noche.

Los hombres acudieron una vez más a Amalur para pedirle protección durante la noche. Fue entonces cuando Amalur creó una flor tan hermosa que al verla los seres de la noche creerían que era el propio Eguzki y huirían aterrados.

Esa flor es EGUZKILORE (flor del sol). Y hasta hoy, el símbolo de protección que defiende los hogares de los malos espíritus, los brujos, las tempestades, los rayos y demás enemigos del hombre.”

Inspirado en la leyenda homónima vasca nace EGUZKILORE, un poema sinfónico para banda de música dedicado a la Banda Municipal de Música de Bilbao y a su maestro, José R. Pascual Vilaplana.

Dividida en seis partes enlazadas entre sí, la composición introduce a los protagonistas de la leyenda y nos lleva desde ese inicio oscuro donde genios y brujas campan por la tierra hasta un final sinfónico y sonoro en el que el sol llena de luz a la humanidad.

Estos seis personajes se presentan en parejas antagonistas y nos muestran tres dualidades diferentes a lo largo de la obra: Iluntasuna (oscuridad) con Argia (luz), Amalur (Madre Tierra) con Sorginak (Brujas) e Ilargia (luna) con Eguzkia (sol).